• Viriliana

3 tips para ser más efectivo aprendiendo inglés. Mi experiencia en Australia.

Actualizado: ago 28


Finalizaba el año 2018 y yo aterrizaba en Australia, confiada en mi capacidad de entender y hablar inglés en un decente nivel intermedio. Lo cierto, es que las cosas se torcieron un poco. Pensé que por haber escuchado rock en inglés y haber tomado uno que otro curso prematuramente abortado, yo estaba lista. Rápidamente me di cuenta que esto no era así.

Lo supe en el aeropuerto de Melbourne cuando intentaba localizar mis maletas extraviadas. Mi adulta razonable fingía calma, mientras escondía el miedo y la vergüenza que descendían por mis huesos al no entender ni un carajo: ¿qué rayos me dicen? Sin embargo, logré encontrar mi equipaje en medio de balbuceos de speaking in english y los movimientos de mis manos, ¡bendito lenguaje universal!

A los 3 días en esa valentía de salir a conocer y conquistar el mundo, decidí unirme a un grupo de aeróbicos de adultos mayores, que me sonreían y conversaban animadamente mientras yo me quedaba en blanco ante su gentil charla. A pesar de esto, pude contarles de donde venía y que estudiaba, ellos sonreían y decían “Colombian people is beautiful”. Yo pensaba: que carajos ya me figuró intentar hablar en inglés!



¡Si! Primero: toca dejar la pena en la casa y tirarse por las piscinas del inglés, y chapalear fuerte para no ahogarse.


Nunca entendí el nombre del grupo y puedo decir que no entendía el 85% de lo que estas amenas personas me decían, yo solo sonreía y ellos también. Nuestra comunicación durante el mes de mi participación, fue el de sonreír, decir yes, y uno que otro intercambio de palabras.

Con este grupo me lo pasé muy bien, hice ejercicio, y pude darme cuenta que tener una conversación en inglés no sería tarea sencilla. Sería una cuestión de aprender con muchas ganas, mejor dicho, con extra motivación, pero sobre todo una labor de lograr taladrar en el miedo y la vergüenza que plantea lo nuevo.


A pesar de mis tropiezos con el inglés, yo estaba feliz, porque que llegaba a adaptarme a mi nueva vida en pleno verano. Lo cierto es que, hay veranos de veranos y el de Melbourne no resultó ser precisamente el típico summer time de vida playera que yo me imaginaba. La ciudad resultó ser de las menos veraniegas del sol dorado australiano y tener la diversidad de ofrecerte cuatro estaciones en un día. Esos primeros 20 días de verano solían desembocar en bipolaridad climática.

Me puse a la tarea de conseguir mi primer trabajo, envié un montón de hojas de vida y realicé un curso para limpiar apartamentos recién construidos. Mis compañeras de casa trabajaban allí, y me contaban sobre sus bondades económicas, y que el spanglish no sería un problema.


El curso duró un día. Salí de allí con dolor de cabeza, tuve que fingir todo el tiempo que entendía lo que la vivaz profesora explicaba, pues este curso es para personas que trabajan en la industria de la construcción y si es necesario tener un decente nivel de inglés. Así que, yo prestaba toda la atención que podía con cara de disfrutar la película, desgranando palabra por palabra.


¡Pero vamos, que esto no corte tus alas!



¡Si! Segundo: toca exponerse al inglés como un demente amante del sol y el bronceado: audios, conversaciones, calle, películas, trabajos…


Conseguí mi primer trabajo, limpiando y ayudando en una biblioteca judía. Realmente se llama Torah Center, un centro de estudios de la Torá. Recuerdo que el primer día y los siguientes, el rabino y su esposa fueron muy amables y pacientes, se valieron muchas veces del lenguaje de señas para indicarme mis actividades.

Llevando un mes y medio, conseguí mi segundo trabajo limpiando apartamentos nuevos, con una empresa dirigida por personas de Malasia. Otra aventura y desafío para mi inglés que digamos empezaba a tener un poco de forma.


Cuando la supervisora se acercaba para explicarme algo, yo la miraba fijamente al rostro con ojos de búho por unos segundos, tratando de comprender lo que me decía, luego ella repetía más lento y hacía gestos con sus manos, a lo que yo respondía “ah comprendo, claro que si” entonces ella me replicaba “un poco más rápido Leidy”.


Aunque estaba asistiendo de lunes a viernes durante 5 horas a estudiar inglés en un instituto, para mi cerebro el inglés del colegio y el de la calle eran muy diferentes. Este último era difícil y agotante, me hacía sentir frustrada y tonta, pero la clave estaba ahí, en seguir gateando con mis balbuceos hasta poder pararme, exponerme como una niña chiquita desnuda de la fluidez y coherencia del español, aunque me sintiera avergonzada y poco inteligente.



¡Si!, tercero: aprender un idioma te regresa a la niñez. Será mejor que balbucees con el optimismo de un bebé.

Te regresa a ese momento de necesidad humana de querer comunicarte, la diferencia es que cuando somos niños, el miedo y la frustración no están presentes. La mayoría de personas a tu alrededor celebran cada balbuceo y palabra que dices. Somos niños alabados en sus piruetas verbales. En cambio, cuando somos adultos es complicado, aparece nuestro amigo pensamiento negativo y nos sabotea con el

“qué dirán” “suenas ridículo” “es gramaticalmente incorrecto”. “no soy bueno para el inglés, "el inglés es muy difícil", "no aprenderás sin un novio australiano”.

El aprendizaje del nuevo idioma se rodea de miedo, vergüenza y frustración. Nuestros prejuicios se vuelven convicciones y se instalan como creencias que limitan y obstaculizan nuestro aprendizaje. No permiten que nos gestionemos de manera más eficiente, nos sintamos a gusto con nuestras capacidades y con nosotros mismos.

Sentirme como una tonta hablando en inglés fue la oportunidad que me enfrentó a dos opciones: seguir gateando con mis balbuceos o darme a la retirada y no pasar más vergüenzas.


Elegí la primera y busqué sembrar una actitud de fe en mi misma. Comencé a replantar mi mente.

En conclusión

Aprender un idioma implica exponerte como un tomate ruborizado. Tener las ganas de aprender y sumergirte en el idioma. Que te importe un hongo las charlas mentales desmotivadoras. Ir en tu aprendizaje como un bebé optimista libre con su curiosidad, creatividad y desparpajo.


Entonces veras que más confianza crecerá en ti, incluso para hablar otro idioma, porque no serás listo para algo, hasta que no te digas a ti mismo que eres listo para eso, hasta que no creas que puedes hacerlo. Así que empieza por decirte a ti mismo lo listo que eres y comienza.


Lo que lees aquí es mi experiencia personal. Si te resultó útil este artículo, te invito a que lo compartas con otras personas.


¡Gracias por leerme!


See you pronto Evribady!

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Para traducir o escribir artículos contáctame en virileidy@hotmail.com

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