• Viriliana

Mi Chucky interior.

Actualizado: sep 7

Lo que las películas de terror pueden enseñarnos sobre nosotros.



Cuando tenía 8 años, era una pequeña amante de las películas de terror, seguidora además de la serie Alfred Hitchcock presenta. Aunque no eran aptas para menores de 12 años, mi papá confiaba que su silenciosa presencia fuera suficiente para mi tierna comprensión.


Después seguí adelante sola. Así que me decía a mí misma:

“para que lo sepas nada de esto es real, y si te lo crees estas en graves problemas”.

Entonces me sentía en toda la libertad de ver como Freddy Krueger aparecía con su cara desfigurada y garras de metal, en medio del conteo infantil pero fúnebre, de unas niñas que saltando cuerda, te advertían "nunca dormirás". Tal cual, era una pesadilla que prometía arruinar nuestro placidos sueños.


O, como en El regreso de los muertos vivientes, donde estos salían de sus tumbas, repitiendo “cere..bro, cerebrooo” sedientos por comer unas cuantas masas cerebrales, mientras la gente corría intentando sobrevivir al apocalipsis zombi.


Y, el inolvidable Chucky: El muñeco diabólico, quien salía frenético con su cuchillo a matar. Un asesino en serie que había traspasado su alma a un inofensivo muñeco de la juguetería infantil.


En aquellos años me vi cuanta película de terror salió. Mi cerebro infantil se autoconvencia, que estas historias eran pura ficción en su entretenimiento masoquista. Era como una sensación casi perversa. Aunque ahora estas películas me parecen más reales que ficticias.



Las personas también somos como las películas de terror.


Me refiero a que estamos habitados por emociones y pensamientos oscuros como la trama de estas películas.


Todos llevamos un Freddy listo para llenarnos de temores y matar nuestros sueños. Un muerto viviente chupando nuestro cerebro de ideas, por nuestro desinterés. Un asesino en serie buscando en los pasillos de los almacenes el Chucky, o mas bien, el objeto en el cual depositar nuestra alma.


Esto por dar unos ejemplos, de lo que consideramos nuestros defectos.


Los aspectos negativos de nuestra naturaleza humana. Nuestras fallas, equivocaciones, impulsividades, soberbias, miedos, fracasos, groserías, avaricias, decepciones, envidias, perezas, indiferencias, gulas, rabias, dolores, lujurias, furias, odios, depresiones, ansiedades, impaciencias, irritabilidades. Suicidios: creativos, de esperanza, de amor. Todo esto corre por nuestras venas.


Todos llevamos un Chucky interior, un muñeco diabólico en menor o mayor medida.



Pero, ¿realmente se trata de un muñeco diabólico?


Sucede, que no existe como tal nuestro muñeco diabólico, estoy haciendo una parodia de lo que consideramos defectos o aspectos negativos, con las películas de terror, llamándolo nuestro Chucky interior.


Esto con fines didácticos extremos, para mostrar que la sociedad muchas veces señala ciertas emociones y acciones humanas como defectos negativos desde una postura moralista.


A través de la historia hemos ido construyendo una moral rígida y culpabilizante que pocas veces sometemos a la reflexión, por lo que terminamos con nuestras categorías de: bueno-malo, luz-oscuridad, correcto-incorrecto, éxito-error….


Por eso creo que tendemos a negar, y a esconder nuestro Chucky interior. Que no es un lado oscuro, ni nada por el estilo, solo es nuestra naturaleza. Pero, aun así, es fatal sentir que somos un Chuky, por eso preferimos atribuírselo a los demás. Ese muñeco diabólico no me pertenece, ¡qué tal que fuera yo!


Que bien nos haría, no mitificar nuestra naturaleza humana, y aceptar todo su espectro de emociones y variedad de características. Bajarle un poco a la moral y cuestionarla, algo así como ESCUCHEMOS A CHUCKY EL NECESITA HABLAR.


Y, ¿qué hacer con nuestro Chucky interior?


Muchas de las películas de terror tienen escenas donde el protagonista principal, debe entrar a un lugar oscuro por alguna inexplicable razón, casi que estúpida. Y todos, desde nuestros asientos pensamos o decimos con los ojos de Dios, mientras nos atragantamos de crispetas [popcorn]: ¡noooo, no entres ahí, te van a matar!


Igual, nuestra casi- omnipotencia de nada sirve, porque la trama continua. Tenemos dos opciones: apagar el televisor o ver la masacre. Los que elegimos la segunda, para nuestra sorpresa, vemos como el personaje sobrevive, y logra ver la resplandeciente luz del día.


Bueno, algo así pasa con nuestras vidas, cuando decidimos no huir de nuestro Chucky interior y verlo de frente. Como el personaje principal de la película, para sobrevivir nos toca confrontarlo para ver la luz del sol. Conocer bien a Chucky y enfrentarlo


Pasos según las películas de terror, para ganarle a el Chucky interior.


1. Como el “veo gente muerta” de la película El sexto sentido. El Chucky es nuestro. Hay que aceptarlo con humildad, en vez de atribuírselo a los demás, como si no fuera de nosotros. SORRY!, siempre es de nosotros.


2. Después de la aceptación, viene el paso de autorizarnos a sentir lo que emana de nuestro muñeco. Por ejemplo, cuando criticamos a alguien, mejor podemos decir: “si, lo acepto, siento envidia, estoy verde de la envidia”. Cuando posponemos algo, mejor podemos aceptar: "si, tengo pereza y no quiero hacerlo".


Como Jack en la película El resplandor sentiremos inquietantes pensamientos, emociones y sentimientos, como una influencia maléfica. Lo peor que podemos hacer ante estos, es ignorarlos, evitarlos y achacárselos a los demás.


3. Luego viene la confrontación. Dar la cara a nuestro Chucky cuando este nos posee. Como si de la película El exorcista se tratara. Examinarnos a nosotros mismos con preguntas que nos aclaren: ¿por qué siento esto? ¿Por qué pienso de esta manera? ¿Por qué me estoy comportando así? ¿Por qué digo esto?


Créeme tu Chucky y el mío, no tienen nada de paranormal, tienen todo de normal.


4. Teniendo las respuestas de porqué surge como una marea descontrolada nuestro Chucky interior, sin decir de los demás: "es tu culpa...es que tu...tu eres.... Podremos tener claridad. Buscar la voluntad de transformar lo que somos nosotros, para dejar de ser atormentados por una máscara como la joven Sidney Prescott en la película Scream.


De esta manera atravesamos el lado oscuro, aunque el imperio contraataque, porque es inevitable que nuestro muñeco, se siga presentando de cuando en cuando. Recordemos que es nuestra naturaleza.


La diferencia es que ya estaremos más conscientes de su presencia. No lo situaremos afuera de nosotros. De esta manera pondremos en marcha la destreza, y agilidad para cambiarlo. Que este poco a poco se transforme.


Comenzaremos a conectar con nuestra imperfección humana, sin hacernos un paisaje errado de quienes somos, y quienes son las personas que nos rodean. El laberinto de expectativas e idealización se cae, para nuestro bien.


No se trata de ser las personas suficientemente buenas, ni esperar que las personas lo sean para nosotros. Soltamos las pesadas cargas de un prototipo genético de excelencia y perfección.


Comenzamos más bien a responsabilizarnos de nosotros mismos, y en esa medida a cultivar nuestra mejor versión, que no es, una única versión. Las mejores cosas de la vida, vienen cuando somos capaces de mirarnos en el espejo con aceptación también de lo que parece feo. No se obtiene lo mejor, sin ver las dos caras de la moneda, como dicen.




Lo que lees aquí es mi experiencia personal.


¡Gracias por leerme!


See you pronto Evribady!

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escritora

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Para traducir o escribir artículos contáctame en virileidy@hotmail.com

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