• Viriliana

Monólogo: El amor propio



Érase una vez, tu y yo esperando el amor de nuestras vidas, ¡oh sí! ¡el amor, el amor, L’amour! Y colorín colorado este cuento se ha acabado.


Bueno a veces el cuento es más largo, pero por lo general no escapa de un final. Siento mucho que en este cuento el final sea más rápido de lo esperado.


¡Perdón!, ¡un momento! y… ¿Qué hay de mí? –dijo una voz

- ¡Qué hay de quién?

- De mi – dice de nuevo la voz.

- Ahhh! ¡Tu! [Perdón lectores no me había percatado de la presencia en el espejo]

- Sii ¡yo! Y no soy una presencia, hablas de mi como si fuera un fantasma. ¿Sabes? No me gusta cómo comenzó tu monólogo, así que prefiero tomar las riendas, si me lo permites.

- Claro, ¿por qué no? La verdad no estoy muy creativa hoy. Adelante.

Vamos de nuevo con el monólogo.


¡Oh el amor, el amor, L’amour! Andas pensando en el amor mientras te peinas. Mirándote en el espejo observas a la persona que se refleja en él, entonces le dices con voz acaramelada: ¡Hola bomboncito! Inicias un juego de hablarte a ti mismo como si fueras dos personas.


Entonces sale una vocecita de la nada y toda dulzona te dice: - y, ¿tú y yo qué somos? Te quedas mirando un poco extrañado, pero después de un rato respondes: - no lo había pensado.


La vocecita con tono musical te dice: - ¿Cómo te digo? ¿Cómo te explico? ¡Quiero que me ameeess!


Así que lo piensas un poco y luego respondes: - está bien, pero… ¿Cómo lo hago? No sé de qué va el amor propio.


-Bueno - te replica la vocecita torciendo los ojos - el amor propio es amarse a sí mismo, quiero decir, pues… ¡que me ames! Y como el gato de Alicia en el país de las maravillas la vocecita desaparece.


Te quedas pensando en tono bien sarcástico: ¡Si claro! Muy fácil decirlo, esta frase la he escuchado montones de veces: “amate a ti mismo” la verdad, siempre me ha parecido poco explicativa y terriblemente surrealista.


Podrías volver y decirme el paso a paso de ¿Cómo lo hago? ¿Realmente, qué es el amor propio? Pero la vocecita no regresa, y estás hablando solo con el espejo, igual continuas, porque cuando la cuestión del amor aparece, hay que tomárselo en serio.


¿Será que es guardarse todo el amor para uno?


¿Es el amor propio, una película de romance titulada: El amor de tu vida eres tú?


Si soy yo el amor de mi vida, se supone entonces que ¿debo decirme cositas lindas al oído como una persona enamorada?, ¿endulzarme el oído? ….


Talvez por ahí se empieza, pero como bien dicen, el amor no vive de palabras, el amor se sostiene en las acciones. Los hechos hablan más que mil palabras. Entonces, ¿es el amor propio actuar con amor hacia ti mismo? Ummm.


En esta lógica se me ocurre que el amor propio puede ser:


Darse cariño, alegría, consuelo. Escuchar lo que sentimos, validar nuestros sentimientos, respetarlos y conversarlos.


No estar ausentes para nosotros mismos, ni engañarnos, sino comprometernos con nuestros sueños y metas. Ser leales y confiar en nosotros.


Ofrecernos una mano cuando la necesitamos, mostrando todo nuestro apoyo y soporte. Brindarnos aliento cuando estamos decaídos.


No siempre decir SI, ni poder con todo, ni pretender ser perfectos, pedir ayuda, decir NO.


Empezar a apreciar lo que vemos en el espejo, y no la foto que imaginamos que podríamos ser y que las personas podrían amar.


Enamorarse jodidamente de cómo somos, de cada aspecto. Y digo jodidamente, porque es amarse así seamos todos pendejos, llorones, flacos, gorditos, enojones, delirantes, risueños, altos, bajitos, irreverentes, perezosos, trabajadores. Amarnos con toda la carne y lo invisible que traemos.


Cubrir nuestras necesidades emocionales, con responsabilidad, para no dar limosnas ni recibir migajas.


Dejar de criticarnos, y poner palabras que respetan y abren posibilidades.


Invitarnos a un café, al cine, a una cena y correr el riesgo de disfrutarnos también en soledad. Entonces, no será soledad, será alegría. Y la alegría será como la flores que atraen a las abejas.


No llevar el corazón en las manos intentando encajarlo en el rompecabezas del pecho de otra persona. Sino más bien dejar nuestro corazón en nuestras manos y abrir el pecho a las personas, confiando en que todo estará bien, como un niño chiquito que sale a correr como un loquito y termina de bruces en el piso, pero que no le importa porque por lo menos corrió ¿no?


En este asunto del amor propio parece que nuestro reflejo en el espejo nos dice “toma mi corazón” no niegues que tú también existes y tienes sentimientos, que estos merecen ser escuchados, regados y plantados mirando hacia el sol.


Un amor que, para empezar, no puede ser ignorado por nosotros mismos.


Un amor que comienza por ser cultivado en nosotros, ser sentido en nosotros, porque casi todos quieren la pareja perfecta, pero pocos se preocupan por ser el amor perfecto.


Amar es elegir, elegir a quien amamos, y esto también implica elegir con quien queremos discutir y batallar, entonces ¿Por qué no elegirnos también? y compartir el vuelo de dos personas que se aman.


El amor es una cuestión simultánea, es decir, el amor sale de nosotros y nos conecta con todo mas allá de nosotros mismos. El amor propio sería entonces: ¿el amor para ti y el amor para todo lo que te rodea?


El amor propio luce más bien como una ocasión de comprendernos, sentirnos, brindarnos lo mejor y aceptarnos como somos, así que si esto funciona para nosotros, también podría funcionar para amar a los demás.


Al amor se entra con ganas y con decisión, conservando la titularidad de quienes somos.

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