• Viriliana

Mi primer trabajo en Australia: lo que no te han dicho.

Actualizado: sep 8



Primera parte: Sin posibilidad de vergüenza:


Trabajos no contemplados, inesperados, temporales, rechazados o amados es lo que muchos estudiantes LOTE [Idiomas distintos al inglés] venimos hacer a las tierras de los tiernos koalas y los ágiles canguros.


Trabajos que a simple vista pueden generar rechazo, pero que también pueden ser la oportunidad para encontrar nuestra mejor versión. Todo depende de lo que decidimos hacer de nosotros mismos sin posibilidad de vergüenza.


Un día de esos cuando todas las crisis tocan a tu puerta, y la noble vida aparece para mostrarte que estar vivo es suficiente,


sentí el coraje de deportarme de mi trabajo, de mi país, de la vida que tenía, que, aunque disfrutaba y agradecía, no era la que quería alcanzar. Así que muy grandecita puse mi mundo vuelta canela, con todo lo que esto implica. ¿Es esto válido? ¿Estoy loca? ¿Hay una sola forma de vivir la vida?


Elegí las poderosas palabras que mi hermana Lany compartió conmigo antes de morir:

” Hay que vivir Leidy, hay que vivir”.

Mi vida ya no fue la misma. Como dicen por ahí, no estamos preparados para que la vida nos tumbe los dientes, nos arrugue el corazón y nos deje calvos, pero el dolor como bien dicen, es una herramienta de construcción más que de destrucción.



En esta frase entendí, que cuando somos adultos estamos en la responsabilidad con nosotros mismos, de ir construyendo paso a paso la vida que nosotros queremos vivir, no la que nuestros padres, los amigos o la sociedad dice que debemos.


Así que, apliqué a mi visa, y viajé a Australia. Desde entonces, me he desempeñado en una variedad de trabajos que nunca pensé que iba a realizar.


Encontré mi primer trabajo limpiando en una biblioteca judía. Realmente es una Sinagoga. Un templo donde los judíos, en este caso ultraortodoxos [populares ahora por la serie de Netflix Unorthodox] se congregan a orar, estudiar su libro sagrado la Torá y celebrar las fiestas del judaísmo.


Todos los lunes después de la celebración del Sabbath, y los viernes voy allí durante 4 horas a limpiar el espacio, y los libros, entre otros trabajos extras como ser niñera, y ayudar en algunas de sus celebraciones.


Para mi este es un trabajo muy interesante, pues adoro observar y escribir sobre lo que acontece a mi alrededor. Pienso que viajar y conocer diferentes culturas, te brinda la oportunidad para reflexionar y expandir tu mente.


Muchas veces observo como el rabino, un señor en edad mayor y gentil, se reúne con los hombres para los estudios rabínicos. Todos llegan vestidos con traje negro, camisa blanca y kipa. Cuando ando revoleteando por ahí, con la aspiradora o el plumero, los mas adultos con sus barbas espesas me saludan jovialmente, mientras los mas jóvenes bajan la mirada y me saludan tímidamente.


Mi primera tarea los lunes, es aspirar el salón principal. Allí el grupo de mujeres se reúnen encabezadas por la esposa del rabino. Todas ellas van de vestidos, faldas largas y pelucas.


He comprendido que el uso de pelucas es una declaración de estar casadas, y que no están disponibles para otros hombres. No se privan de una apariencia atractiva, pero deciden rapar y cubrir su cabello con pañuelos y pelucas, para declarar que su belleza es un espacio privado que solo está disponible para su esposo.


La secretaria es sonriente y simpática. Casi siempre que estoy aspirando la cocina, ella aparece para ofrecerme un café, entablar una pequeña conversación, sobre cosas rutinarias del día o sobre mi, como: de dónde soy, qué estudio, si me gusta Australia.


Un día me preguntó si en Colombia la gente toma café. En general, su comunidad no sabe mucho de Colombia y Latinoamérica, ¿creo?, pues ellos no utilizan televisión o radio y hacen uso del internet solo para propósitos de negocio.


Bueno ya saben mi respuesta: ¡pues claro! Jajaja. En realidad, no fue lo que dije, el caso es que ella pudo saber que el país es productor y consumidor muy ferviente.


Cierto día, entro una señora china buscándola, yo le señalé donde podía encontrarla, luego cuando ésta se fue, la secretaria me dijo:

- ¿tu entiendes chino? Yo le dije sonriendo – not yet, I need first understand English.

Lo de hablar chino no lo tengo en mis planes, por ahora.


Recuerdo mi primer día, cuando la esposa del rabino me explicó mis deberes en su Australian English. Mi primera sensación fue de: ¡Queee! ¡oh mi God, chuchito ayúdame, no entiendo nada, nadita nada! Realmente nos comunicamos en el improvisado lenguaje de señas.


Por otro lado, mi mente no paraba de decirme: ¿oh, a esto viniste?


Debo confesar que esa primera semana me dio muy duro, tuve una diarrea mental, ¡sí! pero mental. Pensé en un montón de popó entorno al mal concepto y rechazo que tenemos la mayoría sobre el oficio de limpiar, entre otros oficios:


¡qué estás haciendo con tu vida muchacha!, ¿para esto estudiaste tantos años? Y ¿tus diplomas?


Mi mente me dio mala vida con los juicios de desagrado colectivo que hay tatuados en nuestra sociedad, y que se ven reflejados en los mezquinos salarios que tienen estos oficios en muchos países.


Al comparar mi sueldo aquí, con los salarios que se ganan muchas personas en otros países, haciendo lo mismo, muchas veces me pregunté con el corazón chiquito: ¿cómo pueden vivir estas personas y sus familias en nuestros países con esos salarios tan tacaños?


Luego comprendí que somos nosotros como sociedad quienes hemos creado esa diarrea salarial y mental de estatus social.


Nos reconocemos valiosos o con exitoso en términos de cuanto dinero se tiene.


¿A qué precio, y con qué sentido?


Poner nuestro objetivo de vida en el dinero, es un pajazo mental, que no tiene mucho sentido, ni valor cuando regresamos a estar bajo tierra.


Seth Godin dice que:

“no importa que estudiaste, cuál es tu trabajo, en donde vives, cuánto dinero tienes, lo que importa es con cuánta pasión vives”

Así que no importa mucho a qué te dedicas, qué estudiaste o cuánto dinero tienes, si esto no esta alineado con la manera en la que quieres vivir, o si, no te hace feliz.


Desde mi llegada he limpiado mucho prejuicio mental. Me siento más liviana. Afortunadamente en este trabajo tuve mucho tiempo y espacio mental para reflexionar. Responderme algunas preguntas que estaban hace tiempo sin respuestas:


¿Hasta qué punto nuestra profesión, empleo, oficio están alineados con el propósito que deseamos para nuestra vida?

¿son actos sanos, generosos en vía de nuestro desarrollo personal?,

o ¿son más bien acciones basadas en complacer, agradar, cumplir expectativas ajenas o metas como hacer dinero?

¿cuáles son los prejuicios y juicios que llenan de popo nuestra mente?


Yo diría que lo que no te han dicho sobre tus primeros trabajos en Australia, es que éstos son una oportunidad para cuestionar las creencias que nos limitan. Aquellas que no permiten fluir en una amplitud mental, para encontrar lo que estamos buscando, o cómo queremos realmente vivir nuestra vida.


Empecé a comprender lo que este trabajo y mis otros oficios, tenían para ofrecerme y aprender.


Se los contaré en la segunda parte.





Lo que lees aquí es mi experiencia personal.


¡Gracias por leerme!


See you pronto Evribady!

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escritora

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Para traducir o escribir artículos contáctame en virileidy@hotmail.com

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