• Viriliana

Todo empieza por tomar una decisión.

Actualizado: ago 17

Estando al otro lado del planeta, me di cuenta que no solo estaba lejos de mi casa, estaba lejos de como siempre había creído que debía ser el mundo. Había tomado una decisión.



Comencé a contener las lágrimas para no llorar como niña chiquita en medio de un montón de desconocidos a 4.441 kilómetros, distancia Santiago de Chile - Medellín.

-Señorita le informamos que no puede abordar el vuelo con destino a la ciudad de Melbourne, su equipaje no se encuentra en el avión. - Me dijeron en la aerolínea.

- ¡Keep your hair on your head! - aprendí a decir en inglés cuando literalmente no debes volverte una caricatura sin pelo en tu cabeza, y conservar la calma.

Mucha calma y un poco de OM necesité para pasar la odisea de estar 12 horas en el aeropuerto en Chile, buscando mis maletas y cómo abordar un nuevo vuelo con destino a Australia sin tener que pagar dinero extra. Me encontraba sola en el Arturo Merino Benítez, asustada como niña pequeña, con ganas inmensas de regresar a casa y volver a la vida que ya conocía. Así que…


–Señorita este es su tiquete. Su vuelo sale a las 12:05 am en la ruta Santiago- Auckland- Sydney –Melbourne.

Efectivamente había tomado una decisión y eliminé todas las posibilidades de dar marcha atrás. Decidí seguir volando otros 14.634,75 km lejos de casa.

Tomar una decisión significa renunciar a una infinidad de posibilidades y comprometerte con una opción, aquella que tu corazón siente que le hará bien.


Mis maletas llegaron primero, en el vuelo que no pude abordar, así que mi tarea al llegar al aeropuerto de Melbourne después de un total de 34 horas de vuelo, fue localizar mi equipaje, y hacerlo con mi incipiente inglés, que no estaba preparado para el planeta de los canguros. Mis piernas temblaban como par de maracas, mis oídos por más que se esforzaban por oír no entendían, no servían ante el swing australiano, cuestión que intenté resolver con la mímica exagerada de mis gestos corporales más propia del planeta de los simios que del lenguaje de señas.


Al salir del aeropuerto con el éxito de haber encontrado mis maletas, rumbo a mi nueva residencia, sentí la bienvenida del famoso viento de Melbourne,

“The bloody awful wind”

como le dice un amigo, éste era tan fuerte que bien podía tumbarme de un soplo, aunque tuviera dos maletas de 20 kilos. Me recordaba lo delgada que siempre he sido, pero sobre todo vociferaba en mis oídos, mis miedos y a la vez toda la felicidad que sentía de haber tomado esa decisión.

Estaba en Australia, ¡al otro lado del mundo! Me pareció increíble, ¿Cómo rayos había llegado hasta aquí? ¿Para qué venir a Australia? Muchas preguntas y pensamientos aparecían en un afán por inculcarme miedo, pero lo cierto, es que este era el sueño predominante de mi vida y se había hecho realidad.




Había tomado una decisión basada en mis deseos más profundos, enfocándome en lo que sentía que era importante para mí, a pesar de las dudas, de los miedos, pues llegué a la conclusión, que es inevitable sentir incertidumbre y que en muchos momentos de tu vida es importante tomar riesgos para avanzar.

Cuando decidí venir a Australia para perseguir el sueño de aprender un idioma, le dije a mi mente: “tenemos que hacerlo, es un hecho”, entonces expresé todo lo bueno que podría pasar y me deporté de “la isla algún día” como dice Brian Tracy.


Dejé de decir, algún día y comencé. Cuando me dispuse a no dar vuelta atrás ante el primer obstáculo, conseguí dominar mis miedos y el resultado, fue estar ante un mundo diferente, desafiar mis propias creencias, salir de mi zona de comodidad, ir más allá de los límites que yo misma me autoimponía, para comenzar el viaje real, aquel que ya habita en nosotros, si nos permitimos confiar en nuestras capacidades.

Ni me imaginaba en ese momento cómo la decisión de aprender inglés me ayudaría a mi desarrollo personal.


Respuestas maravillosas llegan al tomar decisiones contundentes en tu vida, aunque todo al inicio sea un caos. Se trata de un desorden temporal, que te invita a interactuar con el mundo de manera diferente, a no temer a lo desconocido, actuar con determinación y empezar a creer en vos mismo.


Henry Ford dijo,

no puedes construir una reputación basado en algo que vas a hacer

Está en todo lo cierto, y al leerlo pienso en que no podemos construir una vida feliz y plena, basados en los: y si…, tal vez…, yo creo que…, ¿tú qué harías?,. Necesitamos hacer de nosotros la materialización de nuestros sueños y la perseverancia que no acepta el fracaso. Todo empieza por tomar una decisión.


Lo que lees aquí es mi experiencia personal, sin embargo, si te resultó útil este artículo, te invito a que lo compartas con otras personas.


¡Gracias por leerme!


See you pronto Evribady!


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