• Viriliana

Vos y yo somos el éxito mismo



Pronto mi mamá se dio cuenta de que algo pasaba en su cuerpo, el médico se lo confirmó, mi diminuto y acelerado corazón acompañaba el suyo, y aunque nunca le pregunté sobre ese momento, es decir, si ella deseaba tener una hija, si eso era lo que ella quería hacer en ese punto de su vida, sé que ella tuvo el valor de darle el sí a mi vida.


Años después soy consciente de darle las gracias por haberme llevado en su vientre y haberme dado el sí, aunque yo fuera prácticamente pura clara y yema. Con el sí, mi madre me dio el 100 por ciento de lo que necesito para ser feliz: la vida.


Ahora comprendo que tanto mi mamá como mi papá me pasaron la vida exitosamente más allá de lo que sus cabezas y corazones pudieron sentir, pensar y hacer. Ambos tuvieron el valor de brindar las semillas que hicieron posible mi vida, desde ese mismo instante he tenido el preciado tesoro de la evolución. Gracias a ellos yo estoy hoy aquí escribiendo estas palabras.


Muchos de nosotros no sabemos esto, o más bien, no tomamos conciencia de que desarrollarse en el vientre de una mujer y ser un recién nacido es la encarnación del éxito de la vida. Estar vivos y haber nacido ya nos hace exitosos, nuestra única responsabilidad es vivir prestando atención plena a nuestra vida.


Vos y yo somos el éxito mismo.


Un éxito que no habría podido ser posible sin un hombre y una mujer. Mi mamá sin mi papá no habría podido dar lugar a un acontecimiento de esta magnitud. Soy un 50% mi mamá, un 50 % mi papá. La vida es la creación de dos, de dos células que se fusionan en un encuentro que determinará que tu y yo contemos el cuento, por eso este cuento de la vida es tan importante, es nuestro gran momento, nuestra vida sucediendo, no podría haber otro éxito mayor.


No sé en que lugar estás vos hoy con respecto a tus padres, quizás creciste con ambos o con uno de ellos, quizás recibiste de ellos mucho más que la vida o solamente la vida, quizás bajo tu mirada ellos te amaron o te hicieron daño. Si ahora eres un adulto, quiere decir que se cumplió el éxito de la vida, que la recibiste de tus padres exitosamente mas allá de si su rol fue acertado o no, y ahora, esto es lo único importante, pues eres un adulto capaz de encargarse de su propia vida, ya no eres más un niño.


Quiero decirte que recibir de nuestros padres la vida es más que suficiente, y a ellos les debemos gratitud por este gran acto de valentía. No existen los padres perfectos o imperfectos, buenos o malos, solo un hombre y una mujer que aceptaron de manera consciente o inconsciente el suceso que tenia que pasar para que vos y yo pudiéramos ver la luz del día.


Dos seres humanos que alguna vez también fueron niños, que también fueron hijos, con una historia, un pasado que pudo haber sido grato o doloroso, que ellos también pudieron haber sido amados o no.


Muchos hijos desconocen esto, y el desconocimiento no es bueno, desconocer nos mantiene en los mismos errores, podríamos seguir siendo unos niños pataletosos, heridos, llenos de juicios y reclamos hacia nuestros padres por aquello que hicieron o dejaron de hacer.


Es mejor comprender que cada ser humano tiene una historia y que nuestra historia como hijos no es la única y la más importante.


Mirar a nuestros padres con ojos de adultos es transcender la mirada del niño que carga con reclamos y críticas, es aceptar que ellos dieron lo mejor que pudieron hacer desde su propia historia, porque las historias se repiten, si nosotros hubiéramos sido ellos, lo hubiéramos hecho exactamente igual.


Para que el éxito de la vida sea completo, necesitamos generar en nuestro corazón un movimiento de humildad, gratitud y aceptación por quienes fueron nuestros padres y lo que desde su capacidad ellos pudieron hacer. No necesitamos cambiar a nuestros padres, tampoco perdonarlos y mucho menos sentir que nosotros lo hacemos mejor que ellos. Esta es una mirada de soberbia, pues ¿quién somos nosotros para juzgar y ser perfectos?


Solo podemos hacernos cargo de nuestra propia vida y lo que hacemos con ella, ya somos adultos. Tus padres no te deben nada y tú tampoco le debes nada a tus padres, ellos fueron el vehículo por donde tus ojos vieron alumbrar el sol invitándote a la vida.


Todo valió la pena, así como fue. Estar vivo es la encarnación del éxito mismo.


Ni tú, ni yo, tenemos que ganarnos la vida, la vida es el éxito en sí misma, la vida no se gana, la vida se vive. Lo que tenemos que hacer es vivir la vida con gratitud con aquellos que la hicieron posible, construir la historia que hemos decidido vivir.


Gracias por leer!


See you pronto evribady!




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